11/10/2006

REVOLUCIÓN CON ROSTRO DE MUJER



Las mujeres del mundo a lo largo de la historia han sido socialmente discriminadas y excluidas, pues al ser relegadas al cuidado del hogar y de la familia, es decir, a los espacios privados, obviamente la oportunidad de participar en la vida pública y política fue casi nula durante mucho tiempo. Nuestro país, cuya sociedad es fundamentalmente patriarcal y machista, no escapó a esta realidad. Durante mucho tiempo el papel de la mujer en la sociedad fue invisible, a pesar de que la mujer venezolana, sobre todo la mujer proletaria, siempre trabajó, pero su contribución productiva siempre se consideró como complementaria a la del hombre, lo que imposibilitó su abierta participación y opinión.

A pesar de todos estos obstáculos impuestos por la sociedad en relación al rol que cada uno de los géneros debía tener, nuestras valientes y valiosas mujeres, para el final de la década de los veinte comenzaron a formar las primeras organizaciones femeninas como la “Sociedad Patriótica de Mujeres Venezolanas”, fundada clandestinamente en 1928, con el fin de luchar contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. Ya para 1936 existían organizaciones femeninas que luchaban por las reivindicaciones de las mujeres como el derecho al voto, alcanzado el 5 de marzo de 1945, reconocido primero a nivel municipal y en 1947 a nivel nacional.

Sin embargo en nuestro país, a más de sesenta años de haber logrado el derecho al voto de las mujeres, la participación de las féminas en la representación política y sindical aún no es suficiente. El principal impedimento para una mayor participación pública sigue siendo el mismo, que sobre nosotras recae la casi totalidad de la carga de las tareas domésticas y el cuidado de los hijos y las hijas, utilizando una gran cantidad de esfuerzo y tiempo en esas labores.

Paradójicamente, no dejo de asombrarme cómo la mujer venezolana cada día toma la batuta en lo referente a participación activa, existiendo un porcentaje mayor de éstas en las misiones, sobre todo en las educativas y en Vuelvan Caras, así como en los consejos comunales y demás organizaciones comunitarias. Se observa un porcentaje importante de mujeres y eso es así porque hemos aprendido a lidiar con el trabajo dentro y fuera de casa, lo que muchos especialistas en género llaman la “Doble Presencia o Doble Carga”, pero a un precio muy alto, ya que para muchas esto implica mas de 12 horas de trabajo al día. Imaginen lo que sería capaz de lograr el colectivo femenino si contara con una mayor colaboración por parte de sus compañeros, hijos, hijas y demás miembros de la familia.

Debe ser pues, uno de los principales propósitos de esta revolución impulsar la participación activa y protagónica de las valiosas mujeres, como fundamento básico y necesario del camino al socialismo, no sólo en las instancias de la vida pública logrando entre otros objetivos el porcentaje de participación 50 y 50 en la asamblea nacional, sino también en el ámbito privado, impulsando la socialización de las labores domésticas, que no es más que repartir las tareas domésticas entre el grupo familiar, para que ella pueda dedicar más tiempo de calidad a la labor transformadora que tanto se necesita en estos tiempos de revolución.

Sin embargo muchas veces he visto, que todavía en algunas organizaciones comunitarias aunque están formadas tanto por mujeres como por hombres, son estos últimos los que suelen presidir la misma, esto se debe sobre todo al hecho de que aunque la mujer participa, culturalmente está latente esa creencia de que son “ellos” los llamados a tener el control.

Para ello es necesaria la articulación y corresponsabilidad de todos los programas del estado y de las diferentes Misiones a objeto de que todas las gestiones estén transversalizadas por el componente de género, lo que permitirá en un primer momento que todas las mujeres reflexionen en el hecho de que muchas de sus actitudes asumidas son roles impuestos por una sociedad patriarcal, machista y capitalista y que esto puede y debe cambiarse.

Y en un segundo momento dar a conocer, las leyes promulgadas en la república y en el ámbito internacional que las amparan y que auspician su pleno desarrollo tales como:

1.- Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
2.- de Igualdad de Oportunidades para la Mujer
3.- sobre la Violencia contra la Mujer
4.- aración Universal de los Derechos Humanos
5.- as sobre Salud Sexual y Reproductiva
6.- ención Internacional para la eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer – CEDAW (1979)
7.- ención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención Belem Do Pará)


Sólo así les estaremos dando los mecanismos para su real y verdadero “Empoderamiento”, ya que en la medida en que éstas conozcan y manejen las leyes, y tomen conciencia de las condiciones de desigualdad imperantes que impiden su autonomía y afectan sus salud y bienestar, pueden comenzar a revertirlas, y este proceso se reflejará a su vez en ellas como individuo, en su hogar y en la comunidad.
Este es el camino que permitirá reaprender y reconstruir una actitud distinta de lo que es el “Ser Mujer” y lo que ello significa dentro de una sociedad socialista con oportunidades iguales para todos y todas donde puedan gozar de igualdad de derechos, sin distinción de raza, creencia o sexo, como lo establece nuestra Constitución.
ANDREA ALEZARD

LA SALUD EN EL TRABAJO NO SE NEGOCIA SE CONQUISTA


En materia de salud y seguridad en el trabajo la situación de los trabajadores en Venezuela es tremendamente precaria. El sistema capitalista condena cada día más a los trabajadores a unas peores condiciones de vida.
Los medios de comunicación con los cuales el sistema capitalista intenta dirigir la sociedad, pregonan las cifras de los beneficios que obtiene la burguesía y nos dibujan el paisaje como el mejor sistema que hace posible el progreso del país, creando así una falsa sensación de bienestar y prosperidad a la sociedad. Sin embargo, omiten y ocultan a los que forjan dicha fortuna (los asalariados de este país), y cómo se distribuye la riqueza y cuál es el precio que paga el sector mayoritario de la población en contra parte con la minoría que se hace cada día más rica.
Año tras año se muestran cifras groseramente altas de obreros que mueren en el trabajo, al igual que el número de accidentes de trabajo y enfermedades ocupacionales, obreros mutilados, discapacitados victimas de la explotación capitalista que tanto engorda las cuentas de los grandes burgueses y oligarcas financieros. Pero estas cifras son las que nos indican que los miembros de la clase dominante del poder económico, son los verdugos de los pueblos del mundo.
En el XVII Congreso Mundial sobre seguridad y salud en el trabajo, celebrado en Orlando, Estados Unidos, en septiembre del 2005, el director del Programa de Prevención de Riesgos Laborales de la OIT, Jukka Tukala, afirmó que “en algunos países industrializados, más de la mitad de las jubilaciones son anticipadas o se vinculan a la concesión de pensiones por discapacidad y no a que los trabajadores alcancen la edad normal de retiro”.
El capital debate cómo ganar más e invertir menos, a pesar de la opinión de las distintas organizaciones mundiales las cuales dejan bien claro que la recompensa de la explotación capitalista para la clase obrera, son trabajadores que llegan al final de sus vidas desgatados, extenuados, mutilados, arruinados, con pensiones míseras (cuando corremos con la suerte de no morir en el intento). Por ejemplo, el estrés producido por la explotación, estrés que lleva consigo la carga nefasta de incertidumbre, la falta de futuro, la inestabilidad laboral, se ubica en los primeros lugares de los índices de morbilidad y causa de ausentismo laboral.
Estudios dicen que el 70 % de los contratos laborales que supera el primer año de vigencia no consigue culminar el segundo. Pero la explotación capitalista aparte de matar al obrero físicamente, y costarle su salud, como lo hemos visto, les asfixia económicamente. Pero para que la clase obrera mejore sus condiciones de vida y obtenga todo aquello que estamos comprobando que le niega el sistema capitalista, es esencial forjar la unidad de clase proletaria, pues sin la unión de la clase llamada a dirigir este proceso, es imposible iniciar camino alguno que lleve al socialismo.
Existen en Venezuela, normas que promueven la participación activa y protagónica de la clase trabajadora con miras a la organización y el empoderamiento de su realidad laboral y con la más firme intención de lograr condiciones dignas y saludables en el ámbito socio-laboral. Desde la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, pasando por Convenios Internacionales firmados y ratificados por nuestro país, hasta Leyes y Reglamentos que sirven de base legal para que la clase trabajadora logre alcanzar las mejoras que por tanto tiempo les ha negado el sistema capitalista.Debemos usar estas herramientas que nos brinda el sistema, pero debemos y tenemos que impulsar la organización de los trabajadores para que con sus propias fuerzas y con sus propios métodos guíen nuestras luchas hacia la emancipación y la construcción del socialismo.

11/09/2006

¿Quién Gobierna el Mundo?


Por: James petras

En estos tiempos de globalización y de luchas atiimperilaistas generalizadas, consideramos que este artículo del compañero Petras contiene una información totalmente actualizada que nos llama a la reflexión y nos sirve como herramienta para discutir el aspecto económico de nuestro país el cual no podemos perder de vista si observamos con detenimiento las concesiones que se les están dando a las trasnacionales, sobre todo en PDVSA.

Se han escrito una serie de libros y artículos superficiales acerca de la "globalización", las "corporaciones globales" y el "imperio", sin la menor noción de la estructura real de poder. Un análisis de un reciente informe hecho por el Financial Times (suplemento del 10 de mayo de 2002) de las 500 mayores compañías del mundo basadas en valor, país y sector pone fin al debate entre globalización del imperio e imperialismo. Los estados nacionales, en este caso los estados imperiales, no están desapareciendo, sino que son prioritarios para entender los centros de poder político y económico.
Casi un 48% de las mayores compañías y bancos en el mundo son de los EE.UU. y un 30% son de la Unión Europea, sólo 10% son japoneses. En otras palabras, casi 90% de las mayores corporaciones que dominan la industria, la banca, y los negocios son estadounidenses, europeas o japonesas. El poder económico esta en esas 3 unidades geográfico-económicas, no en conceptos sin sentido como "imperio" sin imperialismo o corporaciones multinacionales "desterritorializadas".
Al interior de este sistema imperial, el poder económico imperial de los EE.UU. es aún dominante. Si examinamos los sectores económicos claves esto se vuelve evidente. Cinco de los 10 principales bancos son estadounidenses, seis de las 10 principales compañías farmacéuticas y/o biotecnológicas, cuatro de las 10 principales compañías de telecomunicaciones, siete de las principales compañías de tecnologías de la información, cuatro de las principales compañías de petróleo y gas, nueve de las 10 principales compañías de software, cuatro de las 10 principales compañías de seguros y nueve de las 10 principales compañías de comercio minorista. Sólo en el sector de las aseguradoras la Unión Europea tiene una proporción mayor entre los 10 primeros lugares que los EE.UU. (un margen de 5 a 4).
El poder imperial de los EE.UU. está diversificado a lo largo de varios sectores económicos, pero es particularmente la fuerza dominante en las finanzas, en la farmacéutica y la biotecnología, en las tecnologías de la información y el software, y en el comercio minorista. En otras palabras, las gigantescas compañías de los EE.UU. tienen una poderosa red de control sobre los sectores más importantes de la "nueva economía", las finanzas y el comercio.
La concentración del poder económico de los EE.UU. es aún más evidente si miramos a las 10 principales compañías del mundo: 90% son propiedad estadounidense; de las principales 25, 72% son propiedad estadounidense; de las principales 50, 70% son estadounidenses y de las principales 100, 57% son propiedad estadounidense. En el círculo de las mayores compañías, los Estados Unidos tienen una abrumadora presencia y dominio.
África y América Latina están ausentes de la lista. Y los así llamados Tigres Asiáticos tienen tres compañías entre las principales 500, menos de un 1%.
Las implicaciones políticas de esta concentración de poder son importantes. Ningún país del Tercer Mundo tiene recursos para "liberalizar" sus mercados porque el bloque estadounidense-europeo inmediatamente controlará la situación a causa de su superioridad de recursos. El argumento liberal de que el libre comercio incrementará la "competitividad" de las economías del Tercer Mundo es falso, dado que existe una concentración tan desigual del poder económico en las compañías estadounidenses y europeas.
En segundo lugar, la concentración de poder no es meramente un producto de la eficiencia, la administración y el know-how, sino un resultado directo las políticas estatales de los Estados Unidos y la Unión Europea. Por ejemplo, el Congreso de los Estados Unidos acaba de aprobar (en mayo de 2002) una propuesta de subsidio para el sector agroindustrial de los EE.UU. para la próxima década, convirtiendo en una broma las propuestas de "libre comercio" de Washington. Las implicaciones para los encargados de formular las políticas de los países del Tercer Mundo son claras: deben proteger y subsidiar a sus productores públicos o privados en orden de obtener una porción de los mercados, ya sea en casa o en el extranjero - de la misma manera como los principales poderes imperiales lo hacen.
La concentración del poder económico mundial en las compañías y bancos de los Estados Unidos y en menor medida, de la Unión Europea significa que los mercados mundiales no son competitivos, sino que en gran medida están formados por los monopolios de los EE.UU. y Europa que los dominan. Los flujos de los sectores financiero, farmacéutico, de software y de seguros están formados por las diez principales compañías estadounidenses y europeas. Los mercados mundiales están divididos entre las principales 238 compañías y bancos de los EE.UU. y las 153 de la Unión Europea - esta concentración de poder es lo que define la naturaleza imperial de la economía mundial, junto con los mercados que controlan, las materias primas que saquean (80% de las principales compañías de petróleo y gas son propiedades estadounidenses o europeas) y de la fuerza de trabajo que explotan. La lucha del movimiento antiglobalización para que "otro mundo sea posible" debe confrontar esta monopolización del poder económico y de los estados imperiales que la defienden. La única manera de democratizar la globalización es la de socializar esos monopolios gigantes dondequiera que operen o enfrentar las presiones económicas y las amenazas de minar las economías locales.
Los estados imperiales tienen serios problemas para mantener su imperio, por diversas razones. En cuanto al costo militar, el presupuesto militar de los EE.UU. ha aumentado casi un 20% para 2002/2003, y los recortes de impuestos para los ricos, que estimulan la inversión externa, han causado un serio déficit presupuestario y mayores recortes del gasto social, amenazando la estabilidad fiscal y política. Lo que es más importante, el poder y la concentración económicos de las compañías y bancos de los EE.UU. se han basado en la inversión en el exterior, las ganancias y las re-exportaciones a los EE.UU. por medio de subsidiarias. El resultado es que el creciente imperio económico en el exterior ha salvado la balanza de pagos de los EE.UU. - los EE.UU. tienen un déficit en su balanza comercial que este año se aproxima al nivel insostenible del medio billón de dólares ($400-500.000 millones).
La economía de los EE.UU. depende esencialmente de un flujo masivo de fondos de los inversionistas extranjeros para mantener su déficit externo. En otras palabras, a medida que crece el imperio, la 'república' entra en crisis más profundas, privada de sus empresas competitivas e incapaz de limitar sus importaciones de artículos de consumo. Esta contradicción no puede ser fácilmente resuelta, porque la dirigencia política esta totalmente comprometida con la construcción imperial y la única concesión que puede hacer a la economía doméstica son mayores subsidios y más proteccionismo - los que a su vez aumentan las tensiones y los conflictos con sus competidores imperiales de Europa y los regímenes exportadores dependientes en el Tercer Mundo.
La solución de la Administración Bush para esta contradicción entre crecimiento imperial y decadencia doméstica es la conquista de los países del Tercer Mundo que tienen recursos vitales. El despliegue de Washington hacia los países productores de petróleo del Mar Caspio, sus planes de invasión de Irak, son parte del plan para extraer riqueza que pueda ser transferida de vuelta a los EE.UU. para financiar sus déficits. El Acuerdo de Libre Comercio de las Américas es parte integral de esta estrategia: al monopolizar los mercados latinoamericanos los EE.UU. puede bajar su déficit comercial y capturar sectores financieros y comerciales lucrativos.El Plan Puebla-Panamá es el prototipo de la nueva estrategia imperial de aumentar las exportaciones directas hacia México, mientras que las maquiladoras de propiedad estadounidense o subcontratistas de ese país mueven los mercados de fuerza de trabajo más barata hacia China, Vietnam y la India. Mientras que está claro que el control imperial de los EE.UU. sobre la economía mundial aún es una realidad, también está claro que ese poder está basado en fundamentos frágiles y en un orden global altamente polarizado. La emergencia de movimientos anticapitalistas masivos y una corrida contra el dólar podrían llevar a la caída del imperio.

. El sectarismo...

Pepe Gutiérrez-Álvarez, Octubre 2006

1. El sectarismo...

El sectarismo (1) fue, desde siempre, una de las enfermedades más dañinas de toda la historia del movimiento obrero y social.

Ninguna corriente ha escapado de sus zarpas, de una irradiación enloquecida que se avivaba especialmente en determinadas coyunturas –derrotas, exilios, clandestinidad, cambios rápidos en la evolución, etc-, sin embargo, por más que existe una larga historia de enfrentamiento entre diferentes corrientes –marxistas y anarquistas, comunistas y socialdemócratas, etc-, e incluso entre las propias fracciones, ningún sectarismo alcanzó nunca, ni tan siquiera se aproximó a la magnitud y brutalidad que alcanzó bajo el estalinismo.

Bastaría un solo ejemplo: el de la guerra llevada a cabo por la dirección estaliniana del Partido Comunista alemán contra la fracción mayoritaria del movimiento obrero, la socialdemocracia, considerada como el “enemigo principal”, dando lugar a una guerra sin la cual el ascenso de Hitler habría resultado imposible, y que sin embargo acabó siendo un mero paseo triunfal, acabando comunistas (y socialdemócratas) en los campos de concentración. Pero todavía cabían más vueltas de tuerca, y al final de la misma década, Stalin y Hitler pactaban, y el primero entregaba al segundo algunos de “sus” comunistas refugiados en la URSS (2). Y es que el estalinismo fue un sectarismo de Estado y de sórdida conveniencia burocrática, y llegó a afectar especialmente a las propias filas del comunismo oficial, o hay más ver la historia del PCE. El principio de Lasalle según la cual “el partido se fortalece depurándose”, fue llevada por el estalinismo hasta las últimas consecuencias. Lo mal es que las depuraciones y otras calamidades, acabaron con los partidos.

Ahora, apenas si queda algo más que los numantinos, grupos muy reducidos, muy jóvenes y poseídos (solo les queda la fe), pero cuya descomposición es inexorable, primero por su casi total aislamiento, y segundo por cualquier contradicción interna le lleva a la descalificación mutua. Baste recordar el famoso cisma del PSUC entre “euros” y “prosoviéticos”, y en la que ambas partes se insultaban tachando a la otra de...!estalinista¡ (3). Algo de verdad había en los dos casos, los primeros porque no respetaban que la oposición les ganará en las asambleas, los segundos porque seguían creyendo que el socialismo se seguía construyendo en los países del llamado “socialismo real”, donde –como diría Rudi Dutscke- habían muchas realidades, pero ninguna de ellas era el socialismo.

2. Dogmática anti...

Al abordar el controvertido concepto de “trotskismo” (4) cuando lo más correcto es hablar de “troskismos”, primero porque hubieron varios Trotskys, segundo porque la escuela tiene numerosas variantes, algunas de las cuales me parecen inaceptables, sobre cuando pretenden erigirse en los “verdaderos”...Todo esto no quita algo fundamental: que en tanto el estalinismo es incompatible con el socialismo, el “trotskismo” ha sido una corriente que ha dignificado esta palabra.

Por lo demás, después de todo lo que ha caído, actualmente solamente algún que otro grupo y diversas personas ancladas en el pasado se empeñan en mantener impertérrita su fe en el camarada Stalin y las patrias del socialismo. Se echan la manta a la cabeza, y achacan el desplome total de lo que se llamó estalinismo –un desplome que ha llegado a afectar muy gravemente el ideal socialista-, a los influjos de la propaganda imperialista, olvidando aquella temible divisa de Oscar Wilde: “Lo peor que te puede pasar es que tu enemigo tenga razón”.

El desprestigio de las castas burocráticas y de los métodos estalinianos había llegado a tales extremos que dicho desplome ha llegado sin la menor resistencia de la clase obrera, cuando no con el apoyo de sectores mayoritarios de ésta, por más que, más tarde, han podido comprobar que, al fin de cuentas, el socialismo era un buen invento aunque había sido mal aplicado. Durante décadas, diversas corrientes socialistas, y especialmente la trotskista, se la jugaron denunciando las falacias estalinistas en defensa del comunismo de los soviets (consejos obreros), de la democracia obrera, la libertad de crítica, la pluralidad, etc. Esto parece ser ignorado por los que consideran mi escritos como “anticomunistas”, y tratan de encontrar pruebas en los casos de antiguos herejes que en un momento dado –o sea después de haber sufrido una campaña de linchamiento moral, y de ver como eran asesinados Andreu Nin, Kurt Landau y otros-, se convirtieron en renegados como los poumistas Julián Gorkin, Víctor Alba, Ignacio Iglesias o Enric Adroher “Gironella”, como parte de una línea de conversiones que afectó a todo el movimiento comunista internacional, un proceso que culmina después de la caída del Muro, cuando dicha conversiones implica a países y partidos casi enteros (5).

La denigración del trotskismo fue una de las señas de identidad básicas del estalinismo. La razón es muy sencilla: Stalin no era nadie en el PCUS, y su ascenso implicaba la denigración, y finalmente la eliminación de toda la vieja guardia bolchevique, comenzando por el propio Lenin (6).

Así pues, durante décadas, de hecho hasta bien entrando los años ochenta, las ediciones en lenguas extranjeras de Moscú publicaban con bastante asiduidad dogmáticas para “la lucha ideológica contra el trotskismo”, un concepto que era más que suficiente para que cualquier “cicerone” para turistas en el Este se quitará de en medio nada más escucharlo. En el caso de los partidos comunistas hay que remitirse a fechas más lejanas, de hecho ya en los sesenta una editorial cercana al PCI se atrevía a editar a Trotsky, en los setenta algunos intelectuales comunistas británicos ya debatían abiertamente con Mandel (7), y tiempo después el PCF cuyo secretario más clásico, Maurice Thorez, presumía de ser “el primer estalinista de Francia”, después de publicar el opúsculo de Leo Figuéres, Le trotkisme, cet antileninisme (Sociales, París, 1969), comenzó en los años noventa una revisión que le llevaba al extrema de cuestionarse, no ya a Stalin sino también a Lenin.

El que escribe recuerda un encuentro con Santiago Álvarez, el “secre” del PC gallego (mucho más fuerte que ahora, claro) en Paris allá por 1970, en que éste aseguró ante unos militantes interesados que el PCE no tenía problemas en discutir sobre Trotsky, sin embargo, a la hora de la verdad no movió un dedo por organizar un debate público. Según Gregorio Morán, en los sesenta algunos “cachorros” del PCE ya tenían claro la verdad sobre Trotsky; también Manolo Sacristán contaba que tanto él como Manuel Blanco Aguinaga utilizaron su obra Literatura y revolución como material básico en un cursillo de cuadros en los años sesenta. Actualmente, no existe ningún dirigente comunista que públicamente se atreva a justificar a Stalin, más todo lo contrario. El propio presidente Chávez llegó a declarar en un programa de TV que en el debate entre Stalin y Trotsky, fue éste el que tuvo toda la razón. Por cierto, el líder trotskista venezolano se llama Stalin Pérez, claro que entre los propios trotskistas españoles no faltan los que –como es el caso de Diosdado Toledano- tuvieron un padre estalinista, tan de buena fe como el que puso Stalin a su hijo. Yo conocí en los sesenta un fervoroso estalinista que se llamaba Zinoviev Linares.

Durante los sesenta los maoístas trataron de fundamentar una reedición de las viejas premisas, y uno de ellos, el greco-francés Kosta Mavrakis, publicó Sobre el trotskysmo (La Flor, Buenos Aires, 1974, tr. Graciela Isnardi), que se fundamentaba en los trabajos de Charles Bettelheim sobre una historia de la URSS en la que hacía auténticos encajes de bolillos para no tocar a Stalin y el estalinismo, hasta que la caída de la llamada “Banda de los Cuatro” en China, provocó una reacción en cadena, y el propio Bettelheim resucitó su antiguos criterios “trotskianos” (a finales de los años cuarenta, la época en que escribió la obra que le daría a conocer, La economía alemana bajo el nazismo), y llegó a abjurar de lo que había escrito (en un artículo furiosamente antistalinista que publicó en su momento El Viejo Topo). Por la misma época –principios de los años ochenta-, todos los grupos maoístas con una cierta implantación (PTE, ORT, OC-BR, MC) fueron desapareciendo, y del propio Mavrakis nunca más se supo (8).

3. Fundamentos del...

Doctrinariamente, todo este discurso antitrotskista pretende fundamentarse en los escritos en los que Lenin tuvo algún conflicto con Trotsky, escritos que fueron recopilados cuidadosamente en una edición rusa que fue traducido al castellano con el explícito título de Contra el trotskismo (hay una edición en 2 tomos, en Ed. Anteo, Buenos Aires, 1975), al que se le añade el folleto del propio Stalin, Trotskismo o leninismo? (Ed. ETA, Medellín-Colombia, 1971), que se combinan como si fuesen tratados escritos de corrido (recuerdo de lejanas controversias con militantes comunistas “ortodoxos” que se hacían verdaderos líos con la cronología atribuyendo a Lenin actuaciones contra Trotsky...varios años después de su muerte; muerte que vino precedida por su difícil y agonizante oposición al ascenso de Stalin y la burocracia, momento que Moshe Lewin reconstruyó milímetro a milímetro en su obra El último combate de Lenin, que se puede leer con las notas de sus secretarias y sus últimos escritos que en la URSS no fueron publicados hasta...1967).

En el caso de Lenin, conviene decir un par de cosas: primero, que la vida militante de Lenin fue una constante polémica, incluyendo con sus propios partidarios, con quien no polemizó es con quien nunca jugó ningún papel significativo, o sea Stalin y su “clique”, con la gente del “aparato”; segundo, que en dichas polémicas a veces tuvo razón, y a veces no, citarlo como si fuese un “líder infalible” es algo profundamente antimarxista; tercero, esta recopilación (como todas las efectuadas por los “expertos” soviéticos, son un modelo de manipulación y descontextualización, entre otras cosas porque omite los elogios, que los hubo, en 1905, desde 1914...

En realidad este antitrotskismo cobra verdadera carta de naturaleza después de la muerte de Lenin (fecha en la que el “aparato” ya hacía tiempo que se había apoderado del PCUS). Antes de que el estalinismo impusiera su “historia oficial” en el movimiento comunista, a nadie se le ocurrió negarle a Trotsky su papel en 1917, y, sin ir más lejos, aunque con cicatería, el propio Stalin escribió en 1918: “Todo el trabajo de la organización práctica de la insurrección fue llevado a cabo bajo la dirección inmediata del presidente del soviet de Petrogrado, el camarada Trotsky. Se puede afirmar con seguridad que el partido debe principalmente y ante todo al camarada Trotsky el que la guarnición militar se pusiera rápidamente al lado de los soviets y la osada ejecución del trabajo por parte del Consejo Revolucionario de los soldados”. Será con la escuela de falsificación estaliniana, el célebre historiador francés Marc Ferro, podrá escribir lo siguiente: «La historiografía estalinista y postestalinista, durante mucho tiempo, ha dado una versión errónea del papel de los individuos y de los grupos, especialmente anarquistas, eseristas o mencheviques. Cuando se trataba de personalidades bolcheviques tan eminentes como Trotsky, Zinoviev, Kamenev o Shliapníkov, los descalifica sobre el plano moral, los hace desaparecer cada vez que estuvieron de acuerdo con Lenin, reapareciendo sólo en el caso contrario” (La revolution russe de 1917, Flammarion, París, 1967, p. 121; tr. PG-A). En el mismo libro, Ferro trata la Historia de Trotsky como la “obra maestra”sobre la Revolución rusa.

Obviamente, durante mucho tiempo —por no decir siempre— se pensará en términos distintos sobre este tema, pero hoy podemos ya afirmar que, se esté a favor o en contra, no se podrá desarrollar la polémica sobre la base de la ya olvidada y despreciada historiografía estalinista, y sí, al menos en lo fundamental, por supuesto, sobre la relación de los hechos que dieron Trotsky y su escuela, y por extensión todos los grandes testimonios sobre 1917 —como los citados de Reed y Sujanov— y todos los que dieron fe de las luchas internas en el seno del PCUS en los años veinte. Un buen ejemplo es el de E. H. Carr, quien, destrozando las historias oficiales del PCUS y dando por bueno el material testimonial de Trotsky, ofrece no obstante una interpretación de los hechos que, en algunos aspectos, puede entenderse como en cierta medida” “favorable” o comprensivo con la “institucionalización inevitable” de Stalin.

Por otro lado, conviene subrayar que éste no fue un debate sobre fidelidades, sino que ocultaba un trasfondo de instrumentalización. Así, el proceso de excomunión del trotskismo fue una consecuencia más de la imposición de una nueva escolástica llamada «leninista», que secaría el pensamiento creativo en la URSS y, en buena medida, en todo el movimiento comunista internacional hasta extremos desesperantes. Todavía a principios de los años sesenta, el filósofo marxista francés Henri Lefebvre tenía que inventarse una cita de Lenin para colar sus propias tesis en la industria cultural del PCF.

Todo esto parece hoy tan lejanos como los cartagineses, pero fueron cosas que tuvieron sus “días de gloria” para entrar en una lenta decadencia, hasta llegar hasta la descomposición final. Lo de hoy es ya un epílogo.

4. El estalinismo ha sido la mayor tragedia del ideal socialista.

Al final de todo, solo quedan las ruinas de aquel súper Estado llamado URSS (que sometía a las antiguas nacionalidades oprimidas ahora en nombre del...internacionalismo proletario), llamado impropiamente “socialista” o “comunista” (que eran, como no debe olvidarse, metas que requerían un desarrollo económico pleno, y que Engels definió como “el reino de la libertad”...

De esta manera, en la mayor de las paradojas conocidas, para buena parte de la gente militante que compartía sus ideales originales en lo concreto, significó detenciones, encarcelamiento, calumnias, hospitales psiquiátricos — manicomios infectos — o zonas inhabitables, cuando no torturas y la muerte. Páginas de barbarie incalculable sobre las que hoy no existe ya la más mínima duda, y que en su momento fueron difíciles de diferenciar de las atrocidades que la derecha atribuyó a la revolución desde el primer día. Semejante aberración, a los ojos del pueblo trabajador, ha acabado ensuciando el ideal comunista hasta el punto de que éste sólo puede plantearse desde un concepto de refundación en la que la primera premisa es proclamar su incompatibilidad con el estalinismo. Lo dijo rotundamente Bertinotti: estalinismo y comunismo son conceptos incompatibles (9).

En este terreno, la cuestión de Trotsky y el trotskismo cobró desde el principio una significación primordial: representaba el rechazo más consecuente del curso estaliniano en nombre de todo lo que realmente fue. Hubo otras oposiciones, y cuando fue posible trabajaron juntas, pero ninguna de ellas actuó de una manera tan consecuente, y ninguna resultó tan perseguida y calumniada.

Antes de Gorbachov, la mejor manera de que, en la mayoría de los países mal llamados “socialistas”, un turista se viera deportado inmediatamente hacia su país era que simplemente pronunciara la palabra “Trotsky”. En su primera novela, La broma, Milan Kundera ofrecía una aguda sátira sobre este tabú. En la Checoslovaquia de mitad de los años sesenta, un chico un tanto irreverente le escribía detrás de una tarjeta a su novia de las juventudes: “¡Viva Trotsky!”, y desde entonces su vida se convirtió en una pesadilla.

Según Marc Ferro, en su Historia de la revolución rusa, Trotsky falsea en cierta medida su papel diluyéndolo. No resalta con las dimensiones debidas su papel en el Soviet de Petrogrado, ni su protagonismo en la preparación y ejecución de la insurrección. Sin embargo, Nikolai N. Sujanov (cuya Historia de la revolución rusa fue editada en una versión abreviada de Joel Carmichael por Caralt, Barcelona, 1970, tr. de Julio Gómez de la Serna) lo consideró «peor que Lenin». Resulta curioso que otras dos obras mayores sobre la historia de la revolución fuesen las de dos escritores norteamericanos. La primera es la celebérrima Diez días que conmovieron el mundo, de John Reed, de la que existen numerosas ediciones —la última en Orbis—, aunque conviene diferenciar entre la traducción soviética «corregida» por funcionarios estalinistas y la auténtica, y que se considera el mejor testimonio escrito no solamente sobre la Revolución rusa, sino sobre cualquier otra revolución (10). Lenin recomendó la obra de Reed como ejemplar de cabecera para todos los trabajadores del mundo, y Nadia Krupskaya prologó su primera edición rusa, que sirvió, junto con la Historia del citado cronista martoviano Nikolai Sujanov, como manual para las escuelas; nada que ver, pues, con las falsificaciones y santificaciones estalinistas.

Falsificaciones que, aunque sus partidarios no lo sepan, tuvieron numerosas variaciones. En una primera se trataba de menguar la importancia del papel de Trotsky (hasta 1927), en la segunda se decía que era un menchevique disfrazado de bolchevique (hasta 1929), en la tercera fue una variante del “socialfascismo” el “anarcofascismo”, etc. (hasta 1936), luego pasó a ser el “hitlero-trotskismo” (hasta 1940), con el pacto nazi-soviético se convirtió en un agente de las potencias imperialistas, luego llegó a ser “titotrotskista”, con el XX Congreso del PCUS, regresó a la etapa “menchevique”, y aún así quedan variantes, todas completamente desacreditadas. En el caso del historial neoliberal, Trotsky aparece como más peligroso que Stalin porque con él (y otros), se pretende demostrar que pudo existir otro comunismo...Desde cierta izquierda, el trotskismo nunca llegó a romper enteramente con la matriz soviética. Es la izquierda que se niega a distinguir entre las diversas opciones y fases de una historia que, al decir de Eric J. Hobsbawn, no ha concluido todavía.

Pero esto nos lleva por nuevos vericuetos, sobre una historia que es necesario conocer para no repetir sus locuras y sus desastres. Se trata pues de aprovechar la furia de los sectarios para abundar en la información rigurosa y en la denuncia.

Notas

1) En los tiempos que corren, este concepto ha sido lo suficientemente manipulado como para andar con ojo (por ejemplo se le ha aplicado a los republicanos que no aceptan la monarquía borbónica, o a los que como Julo Anguita, no ha querido comulgar con las ruedas de molino del felipismo). Empero, cuando se trata de un grupo que se distingue por considerar que todos los que discrepan con ellos son agentes del mal, el concepto adquiere su más pleno y sórdido significado. El sectario podría definirse en términos machadiano como el “que desprecia cuanto ignora”. También puede definirse como un “binarismo”, que sólo piensan en términos positivos (los propios) o negativos (los que se le oponen). El resultado es el aislamiento de toda realidad, sobre todo cuando se trata de un sectarismo de reducto, en profundo declive histórico.

2) Sobre este capítulo, el lector puede consultar mi trabajo Margarette Buber-Neumann, la comunista que Stalin entregó a los nazis (www.fundanin.org), que es una réplica al prólogo de Antonio Muñoz Molina al testimonio de ésta.

3) Me permito igualmente señalar mi libro, Elogio de la militancia. La vida de Joan Rodríguez, comunista del PSUC (Ed. El Viejo Topo, Bacelona, 2004), que aborda la historia de un comunista de base en Terrassa y en Vilanova i la Geltrú. Su protagonista quemó un libro de Trotsky sobre Stalin, pero las experiencias y las lecturas no pasan en balde, sobre todo cuando los sentimientos auténticos no se han acomodado (y mucho menos, corrompidos).

4) Sí esto significa defender todos y cada una de los posicionamientos de Trotsky, yo no soy trotskista. Sí se entiende por tal una cierta tradición, la defensa general (y crítica cuando se cree necesaria) de la trayectoria de Trotsky, pues podría definirme como tal sin más pretensión. Ya que las escuelas sirven como punto de partida, y no dan garantía de nada. Por eso me chocan los que citan a Trotsky sin cuestionarse nada. Según como los ismos son utilizados como un protector contra esa cosa tan dura que se llama el cada día, la vida, ante la que somos muy poca cosa.

5) El lector interesado encontrará una amplia información y análisis sobre estos personajes y otros en mi libro Retratos poumistas (Espuela de Plata, Sevilla, 2006), obra fundamentada en buena medida por la documentación facilitada por la Fundación Andrés Nin. En la CIA entraron innumerables excomunistas, entre ellos algunos que abandonaron el POUM. No es otra cosa lo que dicen especiales como Frances Stonor Saunders o Joan Garcés. La diferencia radica que los poumistas –al contrario que los estalinistas- nunca abjuraron de su militancia.

6) Sobre esta cuestión, aparte de la obra ya clásica de Moshe Lewin (El último combate de Lenin), el lector encontrará información de primera mano en otras más recientes como El siglo soviético, del propio Lewin (Crítica, 2006), o en el Lenin. Una biografía, de Robert Service (Siglo XXI, 201)...Claro que si alguno cree que no se puede creen en los papeles como dijo Stalin, pues entonces, es porque querrán creer a Stalin. Claro que mejor que no se acerquen a cualquiera de sus biografías.

7) Un debate más al día fue el promovido por la New Left Review, con aportaciones del eurocomunista Nicolás Krassó, y las respuestas de Ernest Mandel, en El marxismo de Trotski (Cuadernos de Pasado y Presente, México, 1970, tr. Ofelia Castillo), que comprende otras aportaciones complementarias por parte de Monty Johnstone, el cubano Roberto Yepes y Tamara Deutscher. Sobre Mandel se puede consultar mi reciente trabajo aparecido en la Web de Revolta Global y en KAOS.

8) Una crítica exhaustiva de Mavrakis y de Figueres puede encontrarse en la obra de Denise Avenas y Alain Brossat, Sur l´ antitrotskysme (Maspero, París, 1973), en la que se pone en evidencia como los autores aceptan prácticamente todas las falsificaciones de estalinismo, comenzando por los "procesos de Moscú", e igualmente en la Daniel Bensaïd, Los trotskismos, cuya edición castellana está pendiente en El Viejo Topo.

9) La corriente trotskista ha dedicado una especial atención a la vida y la obra del “Padre de los Pueblos”, comenzando por el Stalin inconcluso de Trotsky y que fue compilada y traducida del ruso por Charles Malamud y editada por la editorial norteamericana Harper a pesar de las protestas de Natalia Sedova, pero en estas condiciones fue publicada por Plaza&Janés (BCN, 1950, tr. del inglés de I. R. García), lo que no impidió que muchos de sus apartados fueran utilizados con entusiasmo, y que uno de ellos, Las tres concepciones de la revolución rusa fuera incluido en la recopilación efectuado por Fontamara titulada La revolución rusa), existen otros trabajos de prestigios como el controvertido Stalin. Una biografía política, de Isaac Deutscher (ERA, tr. José Luis González; también existe otra en catalán por Edició de Materials, BCN. 1967), sin olvidar la más "ortodoxa" de Jean-Jacques Marie, Staline (1879-1953), (Seuil, París, 1967). También está la extensa obra de Pierre Broué, El partido bolchevique (Ayuso, Madrid, 1973, tr. Ramón García Fernández), que abarca la historia del PCUS desde sus orígenes hasta los años sesenta, y que se puede encontrar por internet al igual que su obra sobre Los procesos de Moscú...

10) Sobre John Reed se puede consultar mi antología Rojos y rojas, El Viejo Topo, Barcelona, 2003) que informe sobre el hombre y la obra.