
A propósito de la construcción del socialismo en nuestro país que evidentemente necesita de nuestro esfuerzo mancomunado, de nuestra unidad y sobretodo de nuestra conciencia internacionalista ya que no solo se trata de construir el socialismo en nuestro país sino en todo el planeta. El imperialismo es una plaga que está en todos lados y esta destruyendo el planeta y en esa vil y cruel tarea, todos los imperios y/o capitalistas se han unido, nosotros, los trabajadores no podemos ser menos, debemos buscar aceleradamente nuestra unidad para alcanzar la igualdad de la raza humana y su continuidad en este universo así como el rescate de nuestro planeta Tierra.
A pesar de todos los triunfos revolucionarios la humanidad está al borde del precipicio. El marxismo, el leninismo, el trotskismo, el guevarismo, etc., nos señaló, cada uno a su manera, que bajo el régimen imperialista y aun bajo el de la propia burocracia, de no superarse la crisis de dirección de los trabajadores, estaba planteada para la humanidad la caída en la barbarie, en un nuevo régimen de esclavitud como continuación del régimen imperialista. Sólo el socialismo le permitiría superar el mundo de la necesidad y entrar en el mundo de la libertad. O entrábamos en el más terrible mundo de explotación y miseria, de arrojamiento de la humanidad en la barbarie, o entrábamos a través del socialismo en el mundo de la libertad.
La monstruosidad del régimen imperialista y burocrático ha hecho que la categoría de barbarismo haya quedado atrás. Los colosales medios de destrucción desarrollados por el imperialismo y los estados obreros burocráticos hacen que el peligro que enfrenta la humanidad haya cambiado. Ya no se trata de la caída en un nuevo régimen esclavista, bárbaro, sino de algo mucho más grave: la posibilidad de que el globo terráqueo se transforme en un desierto sin vida o con una vida degradada debido a la degeneración genética provocada por los nuevos armamentos. Pero no sólo existe el peligro de degradación de la vida debido a una guerra atómica; también existe un peligro inmediato: que se siga destruyendo a la naturaleza, principalmente las fuentes de energía, base esencial del dominio de la naturaleza por parte del hombre. El agotamiento del petróleo en unas pocas décadas o un siglo plantea a la humanidad una terrible amenaza.
Frente a estos peligros, las direcciones que dominaron y dominan los estados obreros burocratizados no son ninguna solución. Estas direcciones nos llevan al borde del precipicio. La única forma de evitarlo es liquidar las fronteras nacionales, el dominio imperialista y la propiedad privada capitalista. Para lograr la liquidación de las fronteras nacionales no hay otro método que la movilización permanente de la clase trabajadora mundial y la unificación de sus luchas con este claro objetivo. Pero la liquidación de las fronteras nacionales, del imperialismo y de la propiedad privada capitalista por medio de la revolución y movilización permanente de la clase trabajadora y de sus aliados, sólo será posible con la construcción de un partido de trabajadores, revolucionario y clasista. Por eso, a pesar de la extrema debilidad en la construcción de esta dirección, la alternativa es clara. Ya no es barbarie o socialismo, sino holocausto o socialismo.
Sólo la clase trabajadora dirigida por un partido de la clase trabajadora dará respuesta al más grande desafío que ha tenido la humanidad: la conquista del cosmos. Esta conquista del cosmos es hoy día una necesidad imperiosa que cambia la dialéctica tradicional del marxismo entre libertad y necesidad. El marxismo había sostenido que al entrar al socialismo entrábamos en el mundo de la libertad y abandonábamos el de la necesidad. Hoy día el agotamiento de la energía terrestre y el crecimiento de la humanidad plantean imperiosamente la conquista de nuevas fuentes de energía. A corto plazo —unos pocos siglos— la energía que provee el globo terráqueo se agotará inevitablemente por más racionalmente que se la explote. Pero la humanidad tiene una fuente casi infinita de energía a su disposición en el cosmos: los rayos solares. Este es todo un desafío para la humanidad, que sólo puede ser afrontado si ésta deja atrás la perspectiva de la guerra y entra en la etapa de la construcción del socialismo. El socialismo logrará, entonces superando la libertad absoluta que planteaba el marxismo clásico, una nueva combinación de necesidad y libertad para lograr una libertad relativa. Desaparecerá la necesidad impuesta por unos hombres —las clases explotadoras— contra otros hombres —las clases explotadas—, para asumirse la necesidad imperiosa y humana de conquistar el cosmos.
Solo el partido revolucionario dirigiendo a la clase trabajadora podrá hacer que la humanidad entre en la etapa de la conquista del cosmos, es decir de la creación de satélites artificiales con una vida tan buena o mejor que la de la Tierra, que captarán la energía solar y por microondas la enviarán al globo terráqueo para tener energía prácticamente gratuita en cantidades casi infinitas. El capitalismo cumplió un papel progresivo porque significó la conquista de todo el mundo, fundamentalmente de América, África y Asia para una nueva forma de producción. Fue el gran desafío al cual el capitalismo —en su etapa progresiva— dio cumplimiento. La humanidad socialista tiene otro desafío más grande, el más grande que ha tenido la humanidad: justo en el momento en que la continuación del régimen imperialista o de los regímenes burocráticos nos plantea el holocausto del género humano, el socialismo señala la posibilidad del más grande salto hecho por la humanidad, la conquista del universo por la clase trabajadora.